ASÍ FUE QUE PUDE LLEGAR A CHILE (II)
- 12 ago 2018
- 2 Min. de lectura
En el post anterior pude relatarles el comienzo de mi travesía desde Venezuela a Santiago de Chile aquel 15 de abril. Un viaje no tan feliz que se convertiría en una completa pesadilla, pues, allí había quedado yo: solo, varado y sin dirección en pleno centro de Bogotá y con un frío que alimentaba el desespero.

Debo comentar que, al igual que yo, pero con sus planes en marcha, en esa terminal pernoctaban decenas de venezolanos con distinto o mismo rumbo. Era sorprendente.
Así, igual de sorprendente, fue el cariño y la fraternidad de dos hermanos puntofijenses que estando en la capital colombiana decidieron brindarme ayuda. Y créanme que lo narró con toda humildad, pues al salir del país muchos venezolanos dejamos atrás el ego y la soberbia.
De manera que, gracias a Dios, Sául y María, tendría techo donde pasar la noche y abrigarme -repito- del insoportable frío. Ahora solo quedaba volver a estructurar mi plan y algo muy importante: no acercarme al desistimiento. A final de cuentas, ya estaba lo suficientemente lejos de mi tierra.
Al día siguiente sería "uno nuevo", para poder organizarme mejor y encomendarme a Dios, ya que como mencioné anteriormente, no pensaba en desistir y fue así como en un abrir y cerrar de ojos ya estaba montado en un bus -con amplia tecnología debo decir- rumbo a Rumichanca, frontera entre Colombia y Ecuador. Sí, retomaría mi viaje hasta Chile, pero ahora por tierra, gracias a Dios y a una ayuda muy especial que pudo reprogramar mi vuelo Lima-Santiago para el jueves 26 de abril.
Debo reconocer que el trayecto Bogotá-Rumichanca es el más desesperante por lo largo, pero allí estaba casi 24 horas después, cumpliendo con el debido proceso de migración que no arrojó eventualidad alguna.
Venezolanos, amigos en todo escenario
Afortunadamente y al igual que muchos emigrantes, conté con la dicha de cruzarme con viajeros a los que pude llamar compañía, pues de ellos desbordaba la camaradería y fraternidad. Con ellos pude aligerar tantas cargas y mi viaje fue súper fácil hasta que llegamos a Lima entre chiste e improperios dirigidos al innombrable.
La misma fraternidad fue la que me brindó Wilmelys, otra amiga puntofijense con la que pude estar tres días durante mi estadía en Lima y hasta el día de mi vuelo. De Perú puedo comentarles miles de cosas, pero lo haré aparte para no desviarme.
Finalmente, habría llegado el día o mejor dicho la madrugada en la que debía estar en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de Lima; mi avión despegaría a las 8:30am rumbo a mi nuevo destino y donde ya llevo casi cuatro meses.
Entre tanto protocolo y espera, allí estaba yo, montándome en un avión, momento en el que -aunque no lo crean- caí en cuenta de lo lejos que estaría de mi familia, de mi trabajo, de mis amigos, de Venezuela.
Aterricé en Santiago de Chile el 26 de abril de 2018, pasadas las 2:00pm. Desde ya se podía percibir el frío acompañado de un radiante sol (Otoño). Ya estaba en la que sería mi nueva casa, mi nuevo destino y mi nueva vida.

Numerosos detalles del viaje fueron omitidos para no hacer el post tan largo y tedioso.
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